Para los jóvenes universitarios que además practican o trabajan, este escenario puede ser especialmente exigente. Muchos salen temprano de casa, cumplen con su jornada laboral y asisten a clases por la noche, regresando cuando el día prácticamente ha terminado. Cuando una parte significativa del tiempo se invierte en el transporte, las horas disponibles para estudiar, descansar o prepararse académicamente se reducen considerablemente.
El impacto no es solo logístico. Investigaciones publicadas en la revista científica Frontiers in Psychology señalan que el aumento en los tiempos de traslado puede estar asociado con una disminución en el rendimiento académico, debido al cansancio acumulado, la reducción del tiempo de estudio y el menor descanso que enfrentan los estudiantes con trayectos largos.
Este contexto ha abierto una conversación más amplia sobre cómo la movilidad urbana influye en la calidad de vida y en la productividad de las personas. En ciudades con alta congestión, el transporte deja de ser solo un medio para llegar a un destino y pasa a ser un factor que impacta directamente en la organización del tiempo y en el bienestar diario.